*DEFIENDEN A CAMPESINOS… TEXANOS * CORRAL, CÓMPLICE Y LACAYO DE AMLO * DE ELLOS NADA PUEDEN ESPERAR

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La Visión de Chihuahua / 25 de agosto 2020

El Tratado de aguas data de 1944, han pasado más de 75 años desde su firma, tiempo en el que Chihuahua sufrió severas sequías, y los agricultores de la región nunca se habían opuesto a darle cumplimiento con la determinación con que lo hacen en el presente ciclo ¿Porqué hoy el feroz rechazo a que abran las compuertas?.

Son los moditos, más que el hecho en sí mismo, las razones de su radicalización. El gobierno de López Obrador atropella su dignidad de mexicanos trabajadores y se ven ignorados, traicionados dicen ellos, por Javier Corral. El maltrato los llevó hasta la desesperación y el enojo.

No les falta razón, la Guardia Nacional que se repliega cuando de combatir a delincuentes se trata, ha sido usada para intimidarlos, disparando contra ellos balas de goma, lanzándoles gases lacrimógenos, administrando macanazos. Un permanente acoso. Ven a los oficiales y los toman como fuerza de ocupación que los priva del mayor tesoro, el agua que da vida a la región agrícola más importante de Chihuahua.

Maltratados por el gobierno de López Obrador, esperaban que Javier Corral diese la cara en su favor y, junto a ellos, luchase hombro a hombro en defensa del agua. Nada, a cambio recibieron desprecio, evasivas, argumentos falaces y leguleyos. El gobernador les dio la espalda, dejándolos solos con sus reclamos ¿Cómo les piden calma?.

De López Obrador se entiende, tiene pavor a que Trump se indisponga contra él. Ningún Presidente del país se había mostrado tan obsequioso y vasallo con los gobiernos norteamericanos como el actual. Bueno, convirtió a la Guardia Nacional en agencia de migración en la frontera sur, qué más podría esperarse. Pero Corral ¿Porqué la traición?.

No se, algo muy podrido lo paraliza y viene de tiempo atrás. El tres de diciembre del año pasado se reunieron los tres gobernadores del Tratado, Javier Corral, Francisco Javier Cabeza de Vaca y Jaime Rodríguez con la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, la directora de Conagua, Blanca Jiménez, el Secretario de Agricultura, Víctor Manuel Villalobos, y un siniestro funcionario sin relación con el sector, Alfonso Durazo, a cuyo cargo está la Guardia Nacional.

Al concluir el encuentro enviaron un escueto boletín con dos puntos de acuerdo: Uno, “Atender, por parte de Conagua, la solicitud de los distritos de riego, con relación a sus concesiones, de la cuenca del Bravo, en términos de su ciclo agrícola pendiente” y dos, “el cumplimiento estricto y obligado del tratado de 1944 y que se hace en el reconocimiento de todos, de que obligaciones de carácter internacional, firmadas y suscritas por México, deben ser cumplidas a cabalidad”.

El tema del agua siempre estuvo en conocimiento de López Obrador, él ordenó a la secretaria Sánchez Cordero que reuniese a los gobernadores y los previniera del “cumplimiento estricto y cabal”. Supongo que no acordaron nada, simplemente llamaron a los gobernadores para advertirles que no querían problemas con el Tratado y Javier, ignorante del tema, firmó de conformidad como si fuese un oficio más. ¿Y la presencia de Durazo? Advertían resistencias y ahí estaba la Guardia para sofocarlas, como lo haría meses después.

Desde ese momento y hasta la madrugada de ayer cuando los desalojaron, Corral siempre estuvo al lado de la Federación. Desatendió su compromiso con Chihuahua, cuidando no se que intereses personales. Simular, Javier, es hipocresía; hipocresía es engaño; engaño es perversidad y tratándose de gobernantes, perversidad es corrupción.

No esperen, señores agricultores, nada del gobernador Corral, él lleva puntual su agenda personal y en ella no está el agua. De López Obrador ya saben, lo único que recibirán es más gas lacrimógeno, macanazos y balas de goma. Tienen por lo menos diez meses resueltos a entregar el agua a los Estados Unidos y lo harán sin importar el costo. No es asunto de Blanca Jiménez, es del Presidente.

Por eso es vil y cínico el activismo de personajes como Gustavo Madero y Mario Mata. Teniendo conocimiento de la entrega que Javier Corral hizo de las aguas locales en aquel lejano tres de diciembre de 2019, hacen que hacen pretendiendo ponerse al lado de los agricultores, cuando en realidad intentan obtener rendimientos electorales y, de pasada, limpiar de culpas a Corral.

Cerrarán las compuertas cuando el Tratado esté cumplido a la entera satisfacción de López Obrador, ni siquiera de los texanos, de López Obrador. El presidente mexicano, en esta crisis, defiende los intereses de los agricultores republicanos de Texas, financieros del Partido Republicano y apoyo incondicional de Trump. En este juego político de interés electoral a favor del orate que Estados Unidos tiene por presidente, Javier Corral es a la vez lacayo y cómplice de Amlo.

De pasada, supongo, espera obtener la extradición de César Duarte, lo quiere recibir de presente navideño o, si Santa llega con retraso, que se lo traigan los Santos Reyes. Hoy declaró que lo tendrá en San Guillermo para diciembre o enero. Si López Obrador le cumple bien por él, colma su ensanchada soberbia, pero qué ganan los agricultores de Chihuahua. Nada, absolutamente nada.

Si están cansados de luchar, si han conseguido dividirlos, si entran en desesperanza, no les queda otra más que pedir a San Isidro Labrador, patrono de los agricultores, que interceda para que Dios se apiade de ustedes y envíe las sagradas aguas del cielo. Esas aguas estaban comprometidas desde el año pasado, con la firma de Durazo como garantía de su cumplimiento.

Otra vez pido paciencia a los lectores, el análisis sobre Morena espera otro día. Los últimos acontecimientos en la crisis del agua son coyunturas que no pueden quedar para después.