Abuso y robos ante ojos de Bandera desgarrada

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Hoy tenemos el caso denunciado por una mujer que señaló con lujo de detalles el trato abusivo que recibió por parte de agentes federales hace días al trasladar su menaje a México por cambio de residencia

LA COLUMNA / de El Diario / jueves, 16 julio 2020

-Abuso y robos ante ojos de Bandera desgarrada

-‘El Vítor’ de las calles juarenses

-Agentes viales entran en pánico por Covid

-Apagones en el norte y morosos en el sur

La Bandera Nacional a toda asta pero maltrecha por el tiempo y por clima no es el único golpazo a la vista que reciben los viajeros al dejar tierra estadunidense e ingresar a suelo mexicano por la garita de Santa Teresa-San Jerónimo.

En las fotos presentadas en versión digital de La Columna tenemos a la enseña patria dando pena ajenas a quienes salen de México a los Estados Unidos pero particularmente a los que se internan en suelo azteca.

Es la primera impresión de nuestro país para propios y extraños. La principal insignia cayendo a pedazos sin atención alguna de militares, policías federales, Guardias Nacionales ni mucho menos aduanales apostados en el lugar. ¿Y la defensa de los patrios pendones que asegura el Himno Nacional?

Eso no es todo ni lo peor. Con gran frecuencia conocemos testimonios de franco abuso y terror que sufren justo los viajeros al topar en tierra azteca con policías mexicanos de unas y otras corporaciones. Muy pocos se salvan de los ubicados en esa y las otras garitas internacionales de la región. Cortados con la misma tijera de la corrupción y la impunidad.

Hoy tenemos el caso denunciado por una mujer que señaló con lujo de detalles el trato abusivo que recibió por parte de agentes federales hace días al trasladar su menaje a México por cambio de residencia.

Aquí sus palabras: “como algunas personas saben, estamos en un proceso de mudanza para regresar a México y absolutamente todo lo que traíamos en el vehículo era parte del menaje: libros, ropa, cuadros…”.

“Pero su actitud prepotente y despótica se vio incrementada cuando le sugerí al aduanal que seleccionara algunas cajas al azar y las abriera para no tener que desempacar absolutamente todo, al sentirse con mayor derecho y autoridad nos exigieron bajar absolutamente todo”.

“Nos rompían las cajas con una navaja, nos abrían las maletas sacando la ropa de una forma arrebatada y desordenada, posteriormente nos pidieron dinero, mi esposo molesto por ello les empezó a agredir verbalmente (sé que obviamente estuvo mal eso) pero el aduanal respondió de forma más agresiva que casi estuvieron a punto de enfrentarse a golpes”.

“Yo molesta por la situación decidí tomar fotos y videos para evidenciar la situación, y tomarles fotos a los aduanales para levantar una demanda pero al percatarse de lo que hacía, me arrebataron el celular para borrar las fotos, de los aprox cinco aduanales solo uno de ellos traía gafete y ninguno me

quiso proporcionar su nombre”.

“Somos ciudadanos mexicanos y lamento de sobre manera que tengamos que vivir en un sistema donde los funcionarios de gobierno hagan este tipo de abusos a la sociedad. Exijo a los departamentos correspondientes mayor vigilancia y apego al tipo de servicio que los empleados ofrecen y también que exista sanción correspondiente a dichas personas. Amo mi país, de hecho por eso decidí regresar, pero si entristece enormemente ver el decadente y empobrecido servicio de los funcionarios públicos (aclaró no todos pues tengo muchos amigos que hacen excelente su trabajo)”.

La firma en la denuncia manejada en redes sociales es de Zulamith Rivera Mendoza. En versión digital de La Columna, la imagen de un agente con cubrebocas blanco y gafas oscuras.

Si los altos funcionarios del SAT y Aduanas en realidad desean corregir el estado de cosas, pueden empezar ahora.

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El director de Vialidad, Sergio Almaraz, es una de los dos o tres cargas muertas que soporta la administración municipal independiente de esta frontera. Tiene como virtud el trabajo pero sufre como debilidades una imprudencia sin límite y un narcicismo solo comparado al personaje de ‘El Vítor’ en su microbús (Adrián Uribe).

Lo mismo participa en arrastre de autos rumbo al corralón que se baja de su vehículo en plenas vialidades transitadas a regañar y hasta infraccionar conductores; hallan cometido o supuestamente cometido faltas.

Y como no conoce límites, se le hizo fácil el lunes meterse al estacionamiento privado de un hospital privado y empezó a infraccionar sin ton ni son. Tonto no es. Dirigió el operativo desde afuera del barandal.

Ordenó a sus subordinados sancionar y hasta llevarse vehículos presumiblemente mal estacionados. Ordenó arrestar al administrador del lugar porque defendió el lugar justamente como privado. Estuvo en grande el show como todos los shows que arma.

No ayuda a los conductores en los severos embotellamientos producidos por algunas obras en distintos puntos de la ciudad, pero despliega su protagonismo donde no lo llaman.

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Hace 20 días fueron relevados de sus funciones en Juárez más de 40 agentes de la Policía Vial estatal, quienes habían sido enviados de Chihuahua a la frontera con el fin de instalar inútiles filtros sanitarios.

La inexplicable incursión de los policías en una ciudad donde el renglón de tránsito es responsabilidad municipal se mantuvo varias semanas por órdenes del secretario de Seguridad, Emilio García Ruiz. Luego se retiraron y un nuevo contingente arribó la semana pasada, sin funciones definidas.

Entre el martes pasado y ayer, a raíz de que varios elementos que estuvieron en la frontera comenzaron a presentar síntomas de resfriado, fueron sometidos 30 elementos a pruebas de Covid en la capital. De esos varios resultaron sospechosos o con el virus ya confirmado.

La noticia corrió entre los agentes que estuvieron en Juárez y los que actualmente están ahora como parte del nuevo grupo enviado hace días, lo que hizo entrar en pánico a todos. Si antes andaban inconformes con su comisión en la frontera, sin mayores tareas que ocurrencias de los jefes de la Policía Estatal, ahora están a punto de la renuncia si deciden mantenerlos aquí.

Pero el problema mayor es en la capital del estado ahora. Desde que arribaron de Juárez entraron normalmente a trabajar a filas, lo que ya puso en riesgo a sus compañeros. Ni unos días de descanso les dieron, menos los pusieron en cuarentena por mera precaución. En ese tiempo también convivieron con sus familias, aplicaron infracciones, trataron con personas, con todos los riesgos que ello conlleva.

Justificadamente los agentes que volvieron a la capital y los que se mantienen en la frontera están en pánico por tan irresponsable e irracional decisión de enviarlos a la guerra sin fusil y, peor aún, a cumplir con labores que no les corresponden.

Son las consecuencias de esas decisiones erráticas.

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Los apagones en Juárez al estilo Venezuela no son exclusivos de Juárez. Se han generalizado en el norte del país.

Los traumáticos episodios sin agua y sin luz que han vivido miles de juarenses se ha repetido en otras latitudes desde principios del año y sobre todo de unas semanas a la fecha, desde que empezaron los calorones.

De acuerdo al reporte de varios medios, igual se han presentado fallas de horas en el suministro de energía en ciudades de Baja California Norte y Sur, de Sonora, Sinaloa, Coahuila y Chihuahua. Los daños son incuantificables, pero basta conocer las molestias que provocan los apagones en las familias para imaginárselos.

Decenas de pueblos y ciudades de dichas entidades han presentado fallas en las últimas dos semanas, lo que ni siquiera ha ameritado una explicación coherente por parte de la indolente Comisión Federal de Electricidad. Menos han tenido una respuesta rápida y eficiente.

En este marco es curioso que el robo de energía y la más alta morosidad que enfrenta la CFE se concentren en el sur del país y las consecuencias de sus deficiencias se padezcan en el norte.

Según el reporte de operación de la empresa paraestatal, correspondiente al primer bimestre de este año, enfrenta pérdidas de casi 100 mil millones de pesos al año. La mayoría son por robo de energía, pero alrededor de un 40 por ciento corresponde a los deudores que no pagan ese servicio.

¿Y dónde se concentran los deudores? En el Estado de México, Tabasco, Ciudad de México, Chiapas, Veracruz, Guanajuato y Guerrero.

Convenientemente y para variar, los habitantes de las entidades del sur del país gozan de un mejor servicio que los norteños alejados del centro, a los que nomás se les cargan las fallas y la incompetencia de la empresa pública.