La ley como instrumento para intervenir a la familia

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En efecto, los padres no somos dueños de nuestros hijos, pero el gobierno tampoco. Así de claro, así de sencillo

Francisco Ortiz Bello / Analista / domingo, 26 julio 2020

Por siglos la familia ha sido considerada y reconocida como la célula básica de la sociedad, lo que significa que es el espacio ideal en el que los seres humanos nos desarrollamos, crecemos, adquirimos valores y habilidades sociales, así como la formación espiritual, moral, filosófica y religiosa que nos facilitará desenvolvernos mejor dentro de una comunidad. Es donde se aprende el sentido amplio de sociedad, el valor de la convivencia y el respeto.

Así ha sido prácticamente desde los orígenes de la humanidad y no tiene por qué cambiar ya que, con todo y sus defectos o virtudes, es un mecanismo que ha asegurado la formación de sociedades robustas, equilibradas, con valores e identidad propios.

Es por eso que existe la diversidad en el mundo entero, porque cada núcleo familiar tiene características propias y distintas de los demás, conforme sus raíces culturales, etnias o razas, entornos, formas de pensamiento religioso, moral o político, así como un sinfín de variantes que les dan identidad propia.

Incluso, esa es la explicación a las tradiciones o costumbres de países enteros que luego se convierten en prácticas generalizadas que le dan también identidad propia las naciones, sirviendo hasta de atractivos turísticos para el resto del mundo. Las costumbres o prácticas de generaciones enteras que pasan de tatarabuelos a bisabuelos luego a abuelos después a padres y finalmente a hijos, creando patrones de conducta social que han mantenido el justo balance en la convivencia comunitaria.

En este punto es conveniente aclarar que, para efectos del presente análisis, consideramos como familia cualquier núcleo formado por dos o más personas que tienen entre sí lazos consanguíneos o de afecto, que comparten el mismo espacio físico durante una buena cantidad de años. Es una descripción genérica de familia, que de ninguna manera pretende establecer definiciones morales o de otro tipo, ni excluir a ningún grupo o persona. Es sólo de carácter descriptivo.

Es así que en todo núcleo familiar los padres -o quienes asuman ese rol- son los encargados de la educación de los hijos, o de los pequeños que lo conforman enfocando su atención a la transmisión de valores, conocimientos y experiencias adquiridos de las generaciones anteriores, así como las enseñanzas de tipo moral, filosófico y religioso que son parte de la tradición familiar. Así es como funciona. Así es como ha funcionado siempre.

Hace unos tres o cuatro años, surgió un movimiento o tendencia mundial denominado como “ideología de género” (aunque hay quienes sostienen que tiene sus orígenes más remotos desde 1960) que ha pretendido invadir el ámbito exclusivo de las familias, y utilizo el término “invadir” porque precisamente se trata de una intromisión desde el exterior del núcleo familiar, lo que ha provocado temor y desconcierto entre diversos sectores sociales en todo el mundo.

A ese respecto, el presidente ruso Vladimir Putin ha declarado enérgicamente que en su país esta vedada la ideología de género, así como cualquier otra reivindicación hacia los movimientos que intentan favorecer los derechos de las comunidades de homosexuales y lesbianas, lo cual por supuesto es un exceso, pero refleja con claridad el grado de afectación que algunas comunidades perciben en este movimiento.

En efecto, la ideología de género se encuentra estrechamente asociada a mecanismos que, más que buscar la defensa o reivindicación de derechos humanos, promueven abiertamente la homosexualidad o el lesbianismo desapareciendo por completo la brecha biológica y natural entre la definición de hombre y mujer. En esencia, esa tendencia ideológica afirma que el género es una construcción cultural y no una característica biológica de las personas, lo que por supuesto choca frontalmente con el concepto milenario de familia, de hecho, ésta no existiría como tal si la ideología de género se hubiera aplicado hace 100, 300 o 500 años porque es precisamente la antítesis de la finalidad reproductiva de la raza humana.

Esta discusión ocasionó, el año pasado, que diversos y numerosos grupos de asociaciones de padres de familia y organizaciones civiles de todo tipo, se opusieran y protestaran por la inclusión de materiales gráficos y conceptos que apoyan dicha ideología, en los libros de texto oficiales que entrega la SEP. Además de los textos e imágenes, en algunas escuelas se llegaron a realizar ejercicios de vestir a niñas de niños y a los niños con vestimenta de mujer, lo que por supuesto ocasionó el enojo no sólo de los padres, sino de buena parte de la sociedad mexicana.

En respuesta a una postura cerrada e impositiva del titular de la dependencia educativa del país, Esteban Moctezuma, quien se negó a considerar las protestas y reclamos contra esa política, los congresos de estados como Aguascalientes, Nuevo León, Chihuahua y Querétaro promovieron en el presente año, iniciativas muy similares en las que se modifica la ley en la materia con el fin de que la autoridad educativa estatal dé a conocer, de manera previa a su impartición, los programas, cursos, talleres y actividades análogas en rubros de moralidad, sexualidad y valores a los padres de familia, a fin de que (los padres) determinen su consentimiento con la asistencia de los educandos a los mismos, de conformidad con sus convicciones, valores, principios y tradición propias de cada familia. En Chihuahua, la iniciativa fue presentada por la diputada Marisela Sáenz Moriel.

Se le denominó Pin Parental a este grupo de iniciativas muy similares en diversos estados de la República, impulsadas por legisladores de varios partidos políticos, con el propósito de brindarles a los padres de familia la posibilidad de decidir qué tipo de información reciben sus hijos en temas como la sexualidad, la moralidad y otros similares.

La respuesta del Gobierno federal al Pin Parental, vía la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, no podía ser más autoritaria e impositiva, personalmente llamó en algunos casos, y en otros hasta mediante sendos oficios, para ordenarles literalmente que debían votar contra dichas iniciativas, porque desde la Presidencia de la República y la Segob se estaría vigilando que así fuera, argumentando que esas iniciativas atentaban contra los derechos de las niñas y los niños. En Chihuahua, varios legisladores del Congreso local me confirmaron dicha intervención ilegal de la titular de Segob.

En una conferencia mañanera del presidente López Obrador, como símbolo inequívoco del respaldo presidencial, Olga Sánchez Cordero afirmó que: “yo defenderé hasta mi tumba, si quieres, esta situación, el derecho a los niños, niñas y adolescentes a ser educados y a que la educación sea laica, no por cuestiones morales y religiosas… la rectoría de la educación es del Estado mexicano”. Además, aseguró que: “los hijos no son propiedad de los padres”,

Creo que la secretaria de Gobernación mezcla equivocada y peligrosamente conceptos y temas en sus afirmaciones. No, los padres no somos dueños de nuestros hijos, pero nadie habla de propiedad sino de potestad para educar, para formar y, en materia de valores y principios, somos los padres quienes formamos a nuestros hijos. La escuela sólo brinda una formación académica.

El que un padre o madre le den a sus hijos determinado tipo de formación humana, no viola en ningún sentido sus derechos humanos. Todos los hijos hemos llegado al momento de la emancipación de la esfera familiar, con plena libertad para seguir el camino que nos mostraron o elegir el propio.

Es evidente que, desde el gobierno de izquierda en el poder, enfrentamos un poderoso intento por destruir los valores de la familia tradicional y todo lo que ello implica, a desprecio de quienes sí creemos en tales conceptos. Ellos, los de la izquierda, están en todo su derecho de creer en lo que quieran y como quieran, pero a lo que no tienen derecho es a imponernos sus creencias a través de políticas públicas engañosas y dictatoriales.

En Chihuahua, hay una evidente mayoría de personas que, independientemente de partidos políticos o creencias religiosas, se oponen a la llamada ideología de género y, por tanto, respaldan con firmeza el Pin Parental lo que se ha evidenciado con múltiples protestas y manifestaciones a las afueras del congreso de Chihuahua, exigiendo a los legisladores aprobarlo.

Esto no es un tema de respeto y reconocimiento a las preferencias sexuales de nadie, eso por sentado se da. Es un tema de respeto a las creencias de todos, a educar libremente a nuestros hijos en tales creencias y a formar ciudadanos que luego elegirán, libremente también, lo que quieran hacer y en lo que quieran creer, pero no que lo impongan desde el gobierno. En efecto, los padres no somos dueños de nuestros hijos, pero el gobierno tampoco. Así de claro, así de sencillo.